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martes, 16 de febrero de 2016

El perfil humano de la persona ideal


Por: ADRIANA ROMERO TETZICATL

 Entrevista realizada en agosto de 2002, en los días previos a la inauguración
del bulevar Rafael Moreno Valle de Atlixco, Pue.

Primera de tres partes


El Doctor y General Rafael Moreno Valle no es de excesos espirituales. Responde que solo es un hombre afortunado cuando se le pregunta si su vida alcanza la filantropía.

Cuando de recordar se trata, no va más allá de lo que la vida le dio y le va dando; y si hay algo que no aprende todavía, es a pensar en la muerte.

En sus repuestas, con tamaño de narración, la palabra “excelente” es administrada, anteponiéndola solo al género de sus seres queridos. Así que su esposa fue “una excelente mujer”.

El Doctor y General Rafael Moreno Valle y esta
reportera en su casa de la colonia San Ángel.
En la colonia San Ángel de la Ciudad de México, el General me abrió las puertas de su hogar sin abandonar la actitud de brazos abiertos mientras me muestra su casa.

Es pulcro y educado, lo dicen también las cosas que ocupan los espacios.

“Sírvete. No quiero que digan que en esta casa no se come bien”, ordena en el desayuno desde la cabecera de la mesa, haciendo gala de un brazo extendido que termina en dedo insistente.

De sus logros es autora la vida que lo embarga con generosidad.

—¿Qué sintió cuando supo que en Atlixco se decidió poner su nombre al bulevar norte?

—Pues mire, debo ser honesto. Me dio mucho gusto porque siento que la vida ha sido muy generosa conmigo.

Y es que sus 85 años los llenan méritos que van desde los orígenes que lo mantienen anclado a Atlixco, hasta los profesionales que le forjaron el perfil humano de la persona ideal.

En la inauguración del bulevar
Rafael Moreno Valle
 “Me agrada mi vida”, dice con satisfacción.

El Doctor y General Rafael Moreno Valle nació en Atlixco, el 13 de agosto de 1917, pero aclara:

“Mi papá me registró hasta el 23 de octubre, y para no pagar una multa de 25 centavos me registró nacido el 23 de agosto, porque si pasaba de dos meses, se pagaba una multa; y si me registraba el 13, se pasaban diez días más”.

Su padre Jesús Moreno Viniegra nació en Atlixco y su madre Engracia Valle García de Moreno en Tulcingo de Valle.

Tuvo ocho hermanos carnales y cuatro medios hermanos, Esperanza de 93 y Elías de 87.

Todos sus hermanos vivieron el Atlixco de sus tiempos, pero no quiere profundizar por el momento.

“Primero desayunamos y luego hablamos de eso”, volvió a ordenar y se puso a contar chistes pero cuidando que comiéramos la fruta, los huevos con chorizo, con jamón; chilaquiles, jugo de naranja, leche para café y panecillos.

Los recorridos al interior hablan de una casa con sabor atlixquense.

“Usted quiere saber qué significa Atlixco para mí. Venga”, me ordenó al terminar el desayuno.


Entramos a la biblioteca familiar, prende la luz y aparece imponente una vitrina con sus sables de militar. En la parte superior, en el centro, el escudo de armas de Atlixco.

Se detiene en una de las fotografías donde está como Secretario de Salud, y comienza a señalar con el dedo: “Este ya se murió, este también, este todavía vive…”

Su biblioteca personal se ubica en la segunda planta, a unos pasos de la recámara impecable de su extinta esposa Lucina Suárez Velázquez. Es de amplios muros cubiertos en su totalidad con reconocimientos a su vida política, social y profesional.


La estantería contiene volúmenes que abrazan la generalidad de los temas y la lectura en turno sobre el escritorio es una obra de Francisco Martínez De la Vega y otra del periodista Roberto Blanco Moheno, quien lo santifica en la dedicatoria: “Con mucho cariño para San Rafael Moreno Valle”, pues así le decía cada vez que se encontraban.

“Mire, este es el último reconocimiento que he recibido. Me lo dio el presidente Vicente Fox”, por imponerse en una selección de militares con más de 50 años de servicio y por ser el militar que ha ocupado más cargos públicos.

Habla de cada reconocimiento abandonando su asiento repetidas veces. Va de su sillón de piel negra a los espacios que le permiten el tránsito reflexivo.

Los muros también informan que en 1967-68 recibió la presea que el Club de Leones Internacional otorga cada año a dos países; que el gobierno de Luis Reyes Ortiz lo declaró “hijo preclaro de Atlixco”, y  que fue gobernador de Puebla.


 Tulcingo de Valle

Las paredes igual dan constancia de que el 16 de mayo de 1973 recibió reconocimiento “al mérito ciudadano de benefactor y singular ayuda” por obras que hizo en beneficio de habitantes de Tulcingo.

Aquí es importante decir que su tío abuelo fue el teniente coronel Bonifacio Valle, quien encabezó a los mixtecos para enfrentar la intervención francesa, y es en 1925 cuando el congreso poblano nombra a Tulcingo como Tulcingo de Valle.

“Mis hermanos y yo —cuenta Don Rafael— decidimos perpetuar los apellidos con nuestros descendientes, tanto el del papá y el de la excelente mamá que tuvimos”.

De ahí que hasta los miembros de la actual generación lleven el apellido Moreno Valle.

Molcaxac

Desobedeció una sentencia de la Corte respecto de Molcaxac del Progreso, acción con la que terminó un viejo problema de posesión de tierras, las cuales fueron entregadas felizmente a quienes les fueron arrebatadas desde el siglo XIX, situación que había originado luchas en 1918, en 1926 y en 1932.

“No voy a cumplir con la Corte —recordó haber dicho una vez revivido el conflicto— porque va ocasionar más muertes”.

Concilió con las partes, dotó de servicios a la comunidad y se le hizo amplio reconocimiento en abril de 1971.

Y refirió casos similares con Zacapoaxtla, Cuetzalan, Cuyuaco, Zaragoza, Tlatlauqui, Tetela, Teziutlán, Cholula, Huejotzingo y Texmelucan.

Defensa del tesoro artístico

El 7 de junio de 1966, la Sociedad Defensora del Tesoro Artístico de México, “tomando en cuenta que el Doctor y General Rafael Moreno Valle, desde la Secretaría de Salubridad y Asistencia ha devuelto con verdadero acierto su tradicional prestancia al Palacio de los Marqueses, le otorga el presente diploma al mérito”.

Palacio de los Marqueses. 
Y es que había intervenido en una obra de doble beneficio, la creación de una escuela de enfermería que trajo la reconstrucción del edificio de los Marqueses, ubicado en Puente de Alvarado 50, en la Ciudad de México, el cual estaba bastante deteriorado a pesar de ser una de las obras de Manuel Tolsá.

Por cierto, no pudo asistir a la inauguración que sería una sorpresa para él, pues además de tener la finalidad de reconocer la construcción del Museo de Antropología e Historia al presidente de la república Adolfo López Mateos, se le agradecería al Doctor Moreno Valle la reconstrucción del edificio de los Marqueses.

“¡Un atlixquense reconstruyendo parte del tesoro artístico de México!”, expresó alzando la voz.

El Arquitecto Pedro Ramírez Vázquez con el
Presidente Adolfo López Mateos en la inauguración del
Museo Nacional de Antropología e Historia. (Foto: INAH)
Dos momentos

El día que juró bandera como cadete de la Escuela Médico Militar y haber dado el Grito de Independencia en Dolores Hidalgo, son dos momentos importantes en su vida.

Del primero repitió el juramento con gallardía y notoria emoción, y dijo: “Cada vez que lo recuerdo se me pone la piel de gallina”.

Y del segundo, en 1967, dijo ser un honor que le concedió el presidente Gustavo Díaz Ordaz.

Detalló:

“Fui al informe del presidente de Guanajuato, Torres Blanca, y de ahí a Dolores Hidalgo. Eran las seis de la tarde, estaba lloviendo y llegaba mucha gente. Me alojaron en la casa de visitas que estaba en un portal. A las diez de la noche fue por mí una comisión que me llevó a la casa del cura Hidalgo. Ahí un viejo bigotón sacó del nicho la bandera” y se la entregó.

“Había charcos de lluvia y la emoción empezó a crecer. Sin importarle, la gente se hincó en los charcos y decía: Ahí viene la bandera. En medio de la gente hincada llegué al estrado junto al organista Juan Torres que tocaba en esos momentos. Entregué la bandera, subí y dando cinco minutos para las once me levanté para dirigirme a la Campana de Dolores para jalar de un cordón tricolor y dar las once campanadas. La campana tocó —se le quebró la voz— y digo: ¡Viva Hidalgo! ¡Viva Morelos…! Al final: ¡Viva México!, y la gente contestó: ¡Viva! Yo creí que caía muerto de la emoción”.

Don Rafael contó esto de pie y con el énfasis que lo llevó a levantar los brazos para agitarlos con la emoción del grito patrio.

“Después volví a bajar para dar la libertad a los presos. Pensé que en este lugar había estado el padre Hidalgo y que esa reja  la había abierto para luchar por la independencia. La emoción fue creciendo y les dije: En recuerdo y en memoria del padre Hidalgo que estuvo aquí hace tantos años, vengo a liberarlos. Los invito a ser ciudadanos buenos para México. Sean buenos padres de familia, buenos hermanos, buenos hijos. Y cual sería mi sorpresa que ellos estaban llorando y yo también. Yo tenía el corazón hecho un puño”.

“Regresé a la casa de visitas y desde los portales vi al pueblo pobre y humilde de México, familias que presenciaron el acto patrio, acostados en el suelo, sobre petates, cartones, periódicos; acomodados como podían. Ahí estaban”.


“Para mí este acto y la jura de bandera me produjeron el mayor sentimiento de emoción de mi vida, más que cuando fui gobernador; bueno, ni cuando fui general, ni cuando fui secretario. Nunca tuve una emoción semejante a esa”. +

2 comentarios:

  1. Adriana, gracias por esta excelente historia, tan excelente como lo eres tú como profesional. Sabemos bien poco de quien decimos conocer ignorando a fondo quién es, nos devuelves el lado humano de las personas, más allá de los hitos políticos, que a fin de cuentas son un momento en una historia más larga. ¡Viva el periodismo profesional regional!

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  2. generalmente conocemos la cara que nos dan las fotografias de las personas, pero su interior su lado humano solo lo llegamos a conocer a traves de entrevistas como esta desde la intimidad del hogar y por alguien profesional del periodismo.

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